Arturo y la ley del ritmo

Recuerdo que un día encontré a Arturo sentado hacia un lado del sendero que conducía al bosque. Estaba con sus rodillas cruzadas, las manos sobre sus piernas y sus ojos cerrados. ¿Estas dormido? No me respondió, se tomó su tiempo, respiro y lentamente abrió sus ojos. Luego exclamo, ¡te enseñaré a meditar!


La quinta ley es la ley del ritmo, el ritmo no es otra cosa más que dejarse fluir, es el movimiento en espiral. Ven siéntame a mi lado, saco de su bolsillo una pequeña cadenita que tenía un cuarzo de dije. Mira este es un péndulo, si lo dejo colgado, poco a poco este genera un movimiento rítmico de un lado al otro, adelante y atrás, este movimiento es acción y reacción dijo Arturo. Me miró sorprendido, vez como en esta ley se vincula con las demás que te he enseñado…


Esta ley es la vida de todas las cosas y los estados mentales de todo hombre. Cuando estamos atentos, a algo, ese algo que genera el movimiento se neutraliza a sí mismo, cuando los polos se encuentran y se unen en el medio, podemos decir que esos opuestos pierden su polaridad, es decir tarde o temprano se llegan a neutralizar. Se llega al medio, al equilibrio. Si observas detenidamente, puede ser el péndulo quien hace el movimiento, pero puede llegar un momento en que sea yo quien dirija el movimiento, ¿me sigues? Decía emocionado esperando que todo cuando dijera lo estuviera captando.


En estos principios o leyes universales tú puedes ser usado por el principio, pero la idea es que tú seas quien use el principio... En esta ley aprendemos a elevarnos como los maestros, donde lo que sentimos, las emociones o las situaciones, a pesar de que están ahí no nos afectan. Cuando lleguemos a ese nivel donde el estado mental negativo, si ocurre, no te afecte. Esa es la razón por la cual quiero enseñarte a meditar. Cuando conviertes la meditación en una práctica diaria, te permite obtener un estado de dicha y paz, constantes. Observar la mente hasta buscar la calma. Abandonar los juicios, encontrar tu paz.


Observar la mente, le dije incrédula, ajá y ¿cómo pretendes tú, que yo voy o que vamos a conseguir eso? ... Arturo me miró amorosamente, yo te voy a enseñar… ¿recuerdas el día que nos conocimos y viste el universo a través de ese hermoso árbol? ¡Claro que sí!, desde ese día somos amigos.😊 Pues bien haremos lo mismo.


Siéntate cómodamente, apoya tus manos sobre el regazo y cierra tus ojos, yo te guiaré, toma una respiración profunda, imagina que al inhalar tomas la luz que entra a tus pulmones, y al exhalar entregas amor. Repite esta respiración dos o tres veces hasta que sientas un poco de alivio, hasta que bajar desde tu mente hasta tu corazón, te sientas más relajada(o) y en paz. Imagina que llevas tus ojos al entrecejo, intenta mantener esta mirada durante toda la medicación, deja que tus pensamientos vengan y luego déjalos partir, simplemente observa, e intenta buscar tu silencio. Puede que veas luz u obscuridad, colores, no importa todo está bien. Repite mentalmente las palabras “Yo Soy” para conectarte con el poder universal. “yo soy”… “yo soy” si te distraes con pensamientos, sensaciones, o emociones no importa, respira nuevamente y vuelve a las palabras “yo soy”


Emilia siguió cada una de las instrucciones que Arturo le indicaba, pasaron así tal vez unos veinte minutos, en silencio, buscando la calma, la paz… luego Arturo hizo sonar una pequeña campana que tenía en su mano. Es hora de dejar tus palabras, trae la consciencia de nuevo a tu cuerpo, a este espacio, a este aquí y ahora, relajada, llena de energía y en paz, cuando estés preparada abre los ojos. Chasqueó sus dedos; Emilia los abrió sus ojos suavemente y sonrió. Abrazó a Arturo, ¡eso fue grandioso! casi sentí dormir, pero no lo estaba, no sentía mi cuerpo... Ha sido una experiencia maravillosa, como cada cosa que me ensañas. Gracias maestro, y después de regalarle un gran abrazo, Emilia se fue a casa... Arturo sonrió, ¿me dijiste maestro?


Cada persona que se cruza en tu camino es un maestro que viene a enseñarte algo, te invito a meditar, a quedarte así sea por algunos minutos en silencio.

Un abrazo

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Angela Castañeda Gómez. Creado con Wix.com